Voces Animalistas rechaza las ayudas públicas al sacrificio de animales y defiende la abolición de la esclavitud animal



El Boletín Oficial de Canarias (BOC) publicó el 23 de octubre de 2026 el extracto de la Orden de 13 de octubre de 2026, por la que se establecen los plazos para solicitar, durante el ejercicio 2027, las subvenciones destinadas a indemnizar el sacrificio obligatorio de animales por motivos sanitarios.

La convocatoria, promovida por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias, cuenta con una dotación total de 50.000 euros para compensar a las personas o entidades propietarias del ganado que deban someter a sus animales a sacrificio obligatorio en el marco de determinados programas sanitarios, campañas de saneamiento ganadero y actuaciones relacionadas con la tuberculosis caprina. También contempla, cuando corresponda, indemnizaciones por la destrucción de medios de producción considerados contaminados.

La finalidad administrativa de estas ayudas es compensar las pérdidas económicas derivadas de las actuaciones sanitarias obligatorias. 

Sin embargo, desde Voces Animalistas consideramos necesario cuestionar el modelo ético y social que hay detrás de estas políticas. Asimismo, consideramos una aberración destinar dinero público a indemnizar el sacrificio de animales como parte de un sistema que los concibe como propiedades, medios de producción y recursos al servicio de los intereses humanos.

Entendemos que las autoridades sanitarias tienen la responsabilidad de prevenir y controlar las enfermedades animales, así como de proteger la salud pública. Pero cumplir con esas obligaciones no debería impedirnos cuestionar las estructuras económicas y sociales que hacen posible que los animales sean criados, explotados y tratados como bienes cuyo valor depende de su utilidad para las personas.

El problema no empieza cuando se ordena el sacrificio. Empieza cuando asumimos que los animales nos pertenecen y que podemos disponer de sus vidas porque los consideramos recursos.

Cuando una administración indemniza a quien pierde animales por un sacrificio obligatorio, la compensación se articula en torno a las pérdidas de quien es propietario. Sin embargo, desde una perspectiva abolicionista, debemos preguntarnos dónde queda el reconocimiento de los propios animales como individuos sintientes, con intereses y una vida que tiene valor más allá de su utilidad económica.

No se trata de ignorar la complejidad de la sanidad animal ni de negar la necesidad de actuar ante enfermedades. Se trata de no confundir la gestión de un sistema productivo con una política de protección animal verdaderamente transformadora.

La posición de nuestra entidad va más allá de reclamar mejores condiciones de explotación o una gestión más humanitaria de los animales utilizados por el ser humano. Defendemos la abolición de la esclavitud animal y rechazamos la consideración de propiedades, mercancías o instrumentos destinados a satisfacer necesidades, intereses y beneficios humanos.

Desde esta perspectiva, los animales no deberían ser valorados por su productividad, su rentabilidad ni la indemnización que pueda corresponder por su pérdida. Son individuos con intereses propios, cuya existencia no debería estar subordinada a su aprovechamiento económico.

Por ello, consideramos necesario avanzar hacia una transformación profunda de nuestra relación con los demás animales, esto implica: cuestionar los modelos de producción que dependen de su explotación, promover alternativas que permitan reducir progresivamente su utilización y desarrollar políticas públicas que no se limiten a gestionar las consecuencias de ese sistema, sino que contribuyan a superarlo.

La abolición no consiste simplemente en evitar un sufrimiento innecesario mientras se mantiene intacta la explotación. Consiste en cuestionar la legitimidad de utilizar a los animales como recursos y avanzar hacia una sociedad que reconozca su valor intrínseco.
Los recursos públicos pueden contribuir a transformar la sociedad y a impulsar modelos de convivencia más justos. 

Defendemos que las políticas públicas deben abrir también un debate sobre la dependencia económica de la explotación animal y sobre las alternativas necesarias para reducirla.

En el ámbito sanitario, es imprescindible prevenir y controlar las enfermedades, investigar alternativas cuando sean viables y aplicar las medidas necesarias para proteger la salud pública. Al mismo tiempo, resulta fundamental impulsar la prevención, mejorar las condiciones de vida de los animales y favorecer modelos de producción y alimentación que reduzcan la dependencia de su explotación.

No basta con compensar económicamente las consecuencias de un sistema. También debemos preguntarnos cómo dejar de perpetuarlo y qué cambios permitirían construir una sociedad menos dependiente de la utilización de otros animales.

Desde Voces Animalistas defendemos una sociedad en la que los animales dejen de ser considerados recursos a disposición del ser humano. Una sociedad que no mida su valor por lo que producen, por los beneficios que generan o por el dinero que se pierde cuando deben ser sacrificados.

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